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lunes, 23 de marzo de 2015

Obsesión por dinero duplica apuestas juegos azar

Cautivados por la obsesión de obtener dinero y resolver problemas económicos,  en República Dominicana cada día van en aumento los juegos de lotería, lotos, carreras de caballos, peleas de gallos y bancas de apuestas deportivas.


El negocio de juegos de azar podría superar en ventas más de RD$100 mil millones al año, cifra superior al 4% del producto interno bruto (PBI), y al 18% del gasto público del gobierno, reveló el siquiatra Secundino Palacio, quien criticó que las autoridades no presten atención a ese grave problema que afecta a la mayoría de los dominicanos.

“En cada rincón del país  existe un puesto de cocaína y una banca, y eso  es lo que  caracteriza a todas las provincias y municipios de la nación dominicana”, dijo.

Entrevistado por DominicanosHoy, el veterano médico recalcó que en cada arista de las ciudades dominicanas hay una banca donde cada día se apuesta más de RD$46 millones, de acuerdo a datos de Impuestos Internos. ” Esto se refleja en el anhelo y sueños de los pueblos por una mejoría en su situación económica y material, pero la realidad es  que provoca que la sociedad se empobrezca cada día”, apuntó.

Para el facultativo cada vez se está desarrollando más ludopatía, pues crece el número de jugadores compulsivos, en cambio no existe autoridad que se interese en poner a funcionar una política responsable al respecto.

A juicio de Palacio los juegos de azar son  un  lastre que corroe a la sociedad dominicana y es la expresión palpable del abuso y la pobreza de una población: “Todos los días la gente empeña, busca de donde no tienen para jugar,  es una verdadera epidemia lo que sucede con esto”.

El siquiatra  lamentó que  los distintos gobiernos que ha tenido el país solamente han visto las bancas de apuestas y los casinos como fuentes de recaudación. Advirtió que los juegos de azar son muy influenciables y crean adicciones similares a cualquier droga con consecuencias catastróficas en todo el sentido de la palabra.

A su entender es una  realidad dramática, pues esto  pervierte y todo menor y familia que incurren en esto terminan en acciones delictivas, porque la ludopatía es una enfermedad adictiva.

De acuerdo al experto es impresionante la gran cantidad de personas humildes que  acuden  a los casinos,  lo que es preocupante.

“Esto va en aumento y  se monta sobre el sueño del ser humano, pero es totalmente distorsionado, pues  solo el trabajo productivo, ahorro,  la planificación y el esfuerzo  te dan la libertad”, sostiene.

En opinión del especialista la familia dominicana no tiene puerto de destino y no sabe hacia dónde va; mientras, el papel de las autoridades es catastrófico.

“Los casinos son los peores antros de perdición, donde se comprometen desde grandes fincas, lujosas casas y vehículos”, señaló.

En la actualidad en el país existen 30,750 bancas de loterías y apuestas registradas, que asumiendo que tengan un promedio de ventas diarias de entre RD$7,000 y RD$10,000, este negocio representaría más de RD$100,000 millones.

Si se calcula que aquellos negocios más pequeños venden entre RD$2,000 y RD$5,000 diario, sus ventas serían entre RD$22 mil y RD$55 mil millones anuales.

De acuerdo al siquiatra Secundino Palacio  las bancas de apuestas afectan más a las familias pobres, porque son las que menos recursos tienen y disponen proporcionalmente de una mayor parte de sus ingresos para gastarlos en este sector.

Es evidente que los juegos de azar no dependen de la habilidad del jugador, sino a la suerte y a un destino incierto. De ahí que los premios estén determinados por la probabilidad estadística de mil a un acierto por la combinación elegida.

Mientras menores sean las probabilidades de obtener la combinación correcta, mayor es el premio, porque hay un riesgo superior. Lo anterior evidencia  que esto solo genera un círculo pernicioso de  menos educación y más pobreza.

Construyamos más escuelas y menos bancas de apuestas en el país. Necesitamos regulaciones, controles que pongan límites claros a esta vieja y mala práctica.